Pues por el título ya podéis imaginar de que va el tema. Efectivamente esta mañana se ha celebrado una nueva edición de la Media Maratón de Madrid y, como no podía ser de otra manera, he participado en ella. Así que os voy a contar mis sentimientos alrededor de esta prueba.
Vaya por delante que, en teoría, es una carrera para seguir con la preparación del maratón. En fin, al tema. Pues resulta que esta mañana a las 8:30 he caído en la cuenta de que iba a hacer la carrera solito y, sinceramente, eso no me gusta. He salido de casa a las 07:15 con la mente puesta en Alvaro, que anda con fiebre y el hecho de que alguno de los peques se ponga pachucho me quema la sangre, y he aparcado en El Retiro, al lado del ropero a las 07:30. He aprovechado para escuchar un poco la radio y para intentar ir centrándome. A las 08:00 empiezo a vestirme, a ponerme la camiseta con el dorsal, a colocar el clip nasal y las medias de compresión, etc, etc y cuando me decido ansalir del coche...¡Zas! Me encuentro con mi compi de km y, a veces de sufrimiento, Rosa Asensio con sus padres. ¡Joder que alegría! Aprovecho para deciros a todos aquellos que os estáis iniciando en el running que leáis su blog "definitivamente correr no es de cobardes" y que las chicas tb leáis sus análisis de material en "Foroatletismo". Pues nada tras el saludo de rigor y comentar los planes, me dice que su padre piensa ir a 4:40/km y que me vaya con él. Afortunadamente no he tenido que pensarlo mucho y la respuesta ha sido: eso es demasiado para mi.
Así que nos hemos deseado suerte y he estado esperando un ratito a dos compis del gym y finalmente me he decidido a ir a dejar la mochila en el ropero y ponerme a calentar. Dicho y hecho.
No sé si por los nervios, por la cantidad de líquido ingerido o por una mezcla de ambas, oy he tenido que orinar 4 veces antes de empezar la carrera. En la última de ellas me he encontrado, mientras estaba esperando cola en la letrina, con una de las primeras personas que conocí en un hospital. Me ha hecho una ilusión enorme volver a verla después de casi 4 años sin vernos.
Me voy para la salida y me encuentro con una compañera de curro, me dice que va a ver si termina por debajo de dos horas...uf, demasiado lento para mi (que esto no suene prepotente)y especialmente para mis rodillas así que decido avanzar pero me quedo bloqueado en el cajón de 1h55'. ¡MIERDA!
Se da la salida y lentamente vamos avanzando hacia el arco que marca el comienzo de la prueba. Paso el km 1 en 5'26" pienso que voy lento pero hay mucha carrera para recuperar el tiempo perdido. Decido acelerar un poco el ritmo y ponerme a rodar a 5'/km. Pronto llego a Alonso Martínez donde giramos a la derecha para coger Santa Engracia y tirar en subida continua hasta Plaza Castilla. Hasta llegar allí lo mejor es el paso por delante del parque bomberos. Todos los años hacen sonar la sirenas y animan a los corredores. Se agradece.
Cuando llego a Pza Castilla empiezo a pensar en el gel. Llego al km 10 y paso en 48'30" clavados, un poco lento, pienso, y me atrevo a apretar un poco más. Entre el km 12 y el km 19 ruedo por debajo de 4'30"/km con mucha comodidad, se nota el efecto del gel pero empiezo a dudar si no me lo he tomado antes de tiempo. Al llegar al cruce de Odonnell con Ppe de Vergara, se me saltan las lágrimas, es impresionante ver a la gente animando; me ha recordado mucho a las etapas de alta montaña de ciclismo en las que apenas hay espacio para pasar, y me han venido a la mente algunos recuerdos de la carrera del año pasado y en fin, me he emocionado. Enfilo hacia Reina Cristina haciendo cálculos y acordándome de que el último km y medio pica de nuevo hacia arriba. Sin darme cuenta me meto en ese km y medio y a sufrir toca. Llego como puedo a la puerta del paseo de coches y echo el resto. La gente se agolpa a los lados animando, gritando, dando palmas...no sé, por un momento te sientes el puto amo y eso que sólo es medio maratón. Imagino lo que puede ser el maratón.
Cruzo el arco de llegada en un tiempo razonable de 1h42'10", e inmediatamente me vienen a la mente mis hijos y mi mujer. Una vez más, va por ellos. Una carrera más terminada, un esfuerzo más realizado por mi y sobre todo por Raquel, mi mujer.
Paso a recoger una botella de agua y otra de bebida isotónica y me dan una medalla. Se me llenan los ojos de lágrimas. Hoy habrían podido ir a verme llegar a la meta y un jodido virus se lo ha impedido. La medalla tiene dueño y no soy yo. No es una medalla de campeón, no es una medalla de ganador, es una medalla de premio al esfuerzo, de premio a la constancia, de premio a la ilusión y cuando llego a casa se la doy a mi hijo mayor ALVARO, que sigue con fiebre. Mi mujer y mis hijos son los que merecen el premio al esfuerzo, al apoyo, a la constancia y a ilusión.
¡GRACIAS FAMILIA! ¡OS QUIERO!